Material para la celebración del Domingo de Ramos en el hogar

DIOCESIS – SEMANA SANTA EN FAMILIA (PINCHE AQUI PARA DESCARGAR)

La Semana Santa celebrada en el hogar
a causa del confinamiento en casa por la situación de pandemia

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

INTRODUCCIÓN

Guía: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.

Guía:
Ya desde la principio de la Cuaresma nos venimos preparando con obras de penitencia y caridad. Hoy nos disponemos a inaugurar con toda la Iglesia, la celebración anual del Misterio pascual de la pasión y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo quien, para llevarlo a cabo, hizo la entrada en la ciudad santa de Jerusalén, celebrada hoy, Domingo de Ramos.
Como los niños hebreos, aclamemos a Cristo Rey en su entrada en la Ciudad santa, para que nos conceda, por medio de Él, entrar en la Jerusalén del cielo.

Todos:
Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. Hosanna en el cielo.

PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS

Lector 1º:
Escuchemos el relato de la entrada de Jesús en Jerusalén en el santo evangelio según san Mateo. (21, 1-11)

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto».
Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta:
«Decid a la hija de Sión:
“Mira a tu rey, que viene a ti,
humilde, montado en una borrica,
en un pollino, hijo de acémila”».
Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada.
Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!».
Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?». La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».

Palabra del Señor.
Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

Breve silencio en el que el guía de la celebración puede hacer una pequeña explicación del evangelio, sobre todo si hay niños pequeños.

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 46

Lector 2: ¡Hosana al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
R./¡Hosana al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R./

Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.
Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:R./

Tocad para Dios, tocad;
tocad para nuestro Rey, tocad.
Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría. R./

Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.
Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra, y él es excelso. R./

PROFESIÓN DE FE

Guía: Como cada domingo, día del Señor, confesemos nuestra fe, diciendo:

Todos:
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo,nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha
de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.

PRECES, PADRE NUESTRO Y ORACIÓN FINAL

Guía:
Oremos a Dios Padre, que por nosotros entregó a su Hijo Jesús a la muerte y lo levantó sobre todo, como Mediador nuestro.

Lector 3:
 Por la Iglesia, que sufre en sus miembros y se solidariza con el sufrimiento de toda la humanidad, para que sepa decir al abatido una palabra de aliento. Roguemos al Señor.
 Por la unidad de todos los cristianos, para que el sacrificio de Cristo nos reúna en la unidad a los hijos de Dios dispersos. Roguemos al Señor.
 Por los enfermos afectados por el coronavirus, por los moribundos y por los difuntos y sus familiares, y por todos los que sufren en esta situación de emergencia sanitaria, para que, participando del cáliz de la pasión, a semejanza de Cristo, tengan la firme esperanza de participar con Él en su gloria. Roguemos al Señor.
 Por nosotros, que nos disponemos a vivir estos días santos unidos a la cruz de Cristo, para que su muerte y resurrección se realicen en nuestra vida de cristianos. Roguemos al Señor.

Guía:
Escucha, Padre, la oración de tu pueblo que queremos concluir con las mismas palabras que Jesús nos enseñó, para que, siguiendo su ejemplo, se cumpla en nosotros tu voluntad:
Todos:
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

ORACIÓN

Guía:
Dios todopoderoso y eternos,
que hiciste que nuestro Salvador se encarnase y soportara la cruz
para que imitemos su ejemplo de humildad,
concédenos, propicio, aprender las enseñanzas de la pasión
y participar de la resurrección gloriosa.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos: Amén.

CONCLUSIÓN

Guía: Bendigamos al Señor.
Todos: Demos gracias a Dios.

En la tarde del Jueves Santo
Memoria de la Cena del Señor

INTRODUCCIÓN

Guía: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.

Guía:
En esta hora vespertina en que en las parroquias se está celebrando sin asistencia de fieles la Misa de la Cena del Señor, nos unimos, por la celebración de la Palabra de Dios y la Oración, a aquel momento en que Jesucristo, nuestro Señor, instituyó la Eucaristía en la víspera de su pasión, ofreciendo a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los Apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también los ofreciesen. Junto al don de la Eucaristía y del Sacerdocio, nos dejó también el Mandamiento del amor, para que nos amásemos como Él nos amó.

HIMNO

Todos:
Que la lengua humana cante este misterio:
la preciosa Sangre y el precioso Cuerpo.
Quien nació de Virgen, Rey del Universo,
por salvar al mundo dio su sangre en precio.

Se entregó a nosotros, se nos dio naciendo
de una casta Virgen; y acabado el tiempo,
tras haber sembrado la Palabra al pueblo,
coronó su obra con prodigio excelso.

Fue en la última cena, ágape fraterno,
tras comer la Pascua, según mandamiento,
con sus propias manos repartió su Cuerpo,
lo entregó a los Doce para su alimento.

La Palabra es carne y hace carne y cuerpo
con palabra suya, lo que fue pan nuestro.
hace Sangre el vino, y, aunque no entendemos,
basta fe, si existe corazón sincero.

Adorad postrados este Sacramento,
cesa el viejo rito, se establece el nuevo;
dudan los sentidos y el entendimiento;
que la fe lo supla con asentimiento.

Himnos de alabanza, bendición y obsequio;
por igual la gloria y el poder y el reino
al eterno Padre con el Hijo eterno,
y al divino Espíritu que procede de ellos.

PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS

Lector 1º:
Lectura del santo evangelio según san Juan. (13, 1-15)

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro y este le dice: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?». Jesús le replicó: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dice: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Simón Pedro le dice: «Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dice: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos». Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

Palabra del Señor.
Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

Breve silencio de reflexión.

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 115

Lector 2º: El cáliz de la bendición es comunión con la Sangre de Cristo.
R./El cáliz de la bendición es comunión con la Sangre de Cristo.

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?R./

Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor. R./

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas. R./

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén. R./

PRECES, PADRE NUESTRO Y ORACIÓN FINAL

Guía:
Oremos a Dios Padre, que en Jesucristo, su Hijo, nos ha amado hasta el extremo.

Lector 3:
 Por la Iglesia, cuerpo de Cristo, para que guarde la unidad en la caridad, que quiso para ella Jesucristo, y así el mundo crea. Roguemos al Señor.
 Por el Papa Francisco, por nuestro Obispo Jesús, por nuestro Párroco N., y por todos los presbíteros y diáconos; para que su vida sea siempre, a imagen de Cristo, servicio y entrega a sus hermanos. Roguemos al Señor.
 Por los gobernantes de todas las naciones, para que sirvan a sus pueblos con acierto promoviendo la justicia y la paz. Roguemos al Señor.
 Por los que en la actual situación de emergencia están al servicio de la sociedad, para que el amor del Señor se manifieste en todas sus acciones a los que más están sufriendo las consecuencias de la pandemia. Roguemos al Señor.
 Por nosotros, para que, siguiendo el ejemplo de Cristo, vivamos la urgencia del mandamiento nuevo de amar a todos, incluso a los que nos quieren mal. Roguemos al Señor.

Guía:
Dios, Padre, que has amado tanto al mundo que entregaste a tu Hijo a la muerte por nosotros, concédenos lo que te hemos pedido y acoge nuestra oración confiada:

Todos:
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

ORACIÓN

Guía:
Oh, Dios, que aceptaste la entrega de tu Hijo,
te pedimos alcanzar, de tu gran misericordia y amor,
la plenitud de caridad y de vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos: Amén.

CONCLUSIÓN

Guía: Bendigamos al Señor.
Todos: Demos gracias a Dios.

CANTO

Cantemos al Amor de los amores,
cantemos al Señor.
¡Dios está aquí! Venid adoradores;
adoremos a Cristo Redentor.

¡Gloria a Cristo Jesús! Cielos y tierra,
bendecid al Señor;
¡Honor y gloria a ti, Rey de la gloria;
amor por siempre a ti, Dios del Amor!

Viernes Santo
(a cualquier hora del día)
Vía Crucis breve

INTRODUCCIÓN

Guía: Ejercicio del Santos Vía Crucis
Todos:Por la señal de la santa cruz…

ACTO DE CONTRICIÓN
Todos: Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

ORACIÓN

Guía:
Señor Jesucristo, has aceptado por nosotros correr la suerte del grano de trigo que cae en tierra y muere para producir mucho fruto. Nos invitas a seguirte cuando dices: «El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna». Sin embargo, nosotros nos aferramos a nuestra vida. No queremos abandonarla, sino guardarla para nosotros mismos. Mediante este ir contigo en el Vía crucis quieres guiarnos hacia el proceso del grano de trigo, hacia el camino que conduce a la eternidad. Ayúdanos, al acompañarte en este itinerario del grano de trigo, a encontrar, en el «perder la vida», la vía del amor, la vía que verdaderamente nos da la vida, y vida en abundancia.

Todos: Amén.

MEDITACIÓN DE LAS ESTACIONES

Primera estación Jesús es condenado a muerte

Lector 1:
“Pilato preguntó a los judíos: ¿qué he de hacer, pues, de Jesús, al que llaman Mesías? Ellos gritaron todos: ¡crucifícalo!… Entonces él les soltó a Barrabás. Y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó a los soldados para que fuera crucificado”

Lector 2:
Señor, Tú has aceptado libremente la condenación que han merecido nuestros pecados. Que nuestras faltas no te condenen más, y que, a imitación tuya, nosotros sepamos también asumir con amor, por ti, los fallos de los demás.

Segunda estación Jesús carga con la cruz

Lector 1:
“Eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba”
“Jesús, tomando la cruz, salió hacia el lugar llamado de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota”.

Lector 2:
Mira con amor, Padre, a esta familia tuya, por la que nuestro Señor Jesucristo no dudó en entregarse en manos de sus enemigos y padecer el suplicio de la Cruz.

Tercera estación Jesús cae por primera vez

Lector 1:
“El castigo que nos trae la salvación se ha abatido sobre él; por sus llagas hemos sido salvados”
“Señor, tu mano ha bajado sobre mí. Estoy abatido y soy débil. Mi corazón palpita, me abandonan las fuerzas, se apaga la luz en mis ojos. Mis amigos están lejos: estoy a punto de caer”

Lector 2:
Mira, Dios omnipotente, la humanidad abatida por su debilidad mortal y haz que se reavive por la pasión de tu único Hijo.

Cuarta estación Jesús encuentra a su Madre

Lector 1:
“Simeón dijo a María, la Madre de Jesús: Él ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, signo de contradicción. Y una espada atravesará tu alma”
“Los que pasáis por el camino, ¡paraos! ¡Ved si hay dolor semejante al mío!”

Lector 2:
¡Oh Dios!, haz que tu Iglesia, unida con María a la pasión de Cristo, participe en la gloria de la resurrección.

Quinta estación El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

Lector 1:
“Cuando salían de la ciudad, encontraron a un hombre de Cirene y le mandaron llevar la cruz de Jesús”
“El que no toma su cruz y me sigue –dice el Señor- no es digno de mí”

Lector 2:
¡Oh Dios! , que unes la Iglesia a los sufrimientos de Cristo, concede a quien sufre a causa de tu nombre el espíritu de paciencia y de amor.

Sexta estación La Verónica seca el rostro de Jesús

Lector 1:
“De ti ha dicho mi corazón: <Buscad su rostro>; yo busco tu rostro, Señor. No me escondas tu rostro”
“Muchos se asustaron de Él, estaba tan desfigurado… No tiene parecer ni belleza para atraer nuestras miradas. Despreciado y deshecho de los hombres, varón de dolores que conoce bien el dolor, como uno ante quien se vuelve el rostro”

Lector 2:
¡Oh Dios!, renuévanos a semejanza de tu Hijo; y así como llevamos en nosotros, por nuestro nacimiento, la imagen del hombre terreno, haz que por la acción de tu Espíritu llevemos la imagen del hombre celeste.

Séptima estación Jesús cae por segunda vez

Lector 1:
“El Señor hizo recaer sobre Él nuestra iniquidad. Maltratado, se dejó humillar y no abrió su boca; era como un cordero llevado al matadero, como oveja muda ante los esquiladores”
“¡Sálvame, oh Dios!; estoy en el fango y no tengo ayuda: he caído. Por ti soporto el insulto y la vergüenza me cubre el rostro”

Lector 2:
Mira con bondad paternal, Dios omnipotente, la debilidad de tus hijos y extiende tu brazo invencible para protegernos y defendernos.

Octava estación Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén

Lector 1:
“Le seguía una muchedumbre del pueblo y de mujeres que se dolían y se lamentaban por Él. Jesús, volviéndose a ellas, dijo: <Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos…, porque si en el leño verde hacen esto, ¿en el seco qué se hará?”

Lector 2:
¡Oh Dios!, que prefieres ser misericordioso con los que esperan en Ti; concédenos llorar como se debe los pecados cometidos y merecer la gracia de tu gloria.

Novena estación Jesús cae por tercera vez

Lector 1:
“Se alegran de mi caída, se reúnen contra mí para golpearme. Me laceran sin cesar, me ponen a prueba, escarnio sobre escarnio, rechinan sus dientes contra mí”

Lector 2:
Perdona nuestros pecados, Señor, y en tu misericordia rompe las cadenas que nos tienen prisioneros a causa de nuestras culpas, y condúcenos a la libertad que Cristo nos ha conquistado.

Décima estación Jesús es despojado de sus vestiduras

Lector 1:
“Los soldados cogieron sus vestidos e hicieron cuatro partes: una para cada uno de los soldados. Después cogieron la túnica, pero como era sin costuras, toda tejida de una vez, se dijeron: <No la rasguemos, sino echemos a suerte a ver a quién le toca>”. “También vosotros habéis sido despojados del hombre viejo y os habéis revestido del hombre nuevo”

Lector 2:
Señor, te damos gracias porque en la pasión redentora de tu Hijo renuevas el universo y das al hombre el verdadero sentido de tu gloria; en el poder misterioso de la cruz juzgas al mundo y haces brillar el poder real de Cristo crucificado.

Undécima estación Jesús es clavado en la cruz

Lector 1:
“Crucificaron a Jesús en el lugar llamado de la Calavera. Jesús decía: <Padre, perdónales porque no saben lo que hacen>. Encima de la cruz pusieron escrito el motivo de la condena: <Este es Jesús, el Rey de los judíos>. Los que pasaban, los sacerdotes con los escribas y los que habían sido crucificados con Él lo insultaban. Al mediodía, la tierra se oscureció, hasta las tres de la tarde”

¡Oh Padre misericordioso!, que has querido que tu Hijo sufriese por nosotros el suplicio de la cruz para librarnos del poder del enemigo; concédenos llegar a la gloria de la resurrección.

Duodécima estación Jesús muere en la cruz

Lector 1:
“El velo del templo se rasgó en dos. Jesús, gritando con gran voz, dijo: <Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu>. Dicho esto, expiró. Entonces el centurión que estaba delante, al verle expirar de aquel modo, dijo: <Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios>”

Lector 2:
¡Oh Padre!, que has querido salvar a los hombre con la muerte en la cruz de Cristo, tu Hijo; concédenos, a los que hemos conocido en la tierra su misterio de amor, gozar los frutos de la redención en el cielo.

Decimotercera estación Jesús es bajado de la cruz

Lector 1:
“Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre, y la hermana de su Madre, María la de Cleofás y María Magdalena. Vinieron, pues, los soldados, pero llegando a Jesús, como le vieron ya muerto, uno de ellos le atravesó con su lanza, y al instante salió sangre y agua. Después de esto, José de Arimatea rogó a Pilato que le permitiese tomar el cuerpo de Jesús. Y Pilato se lo permitió”

Lector 2:
¡Oh Dios!, que has renovado el mundo con la gloriosa pasión de tu Hijo, conserva en nosotros la obra de tu misericordia, para que el continuo recuero de este gran misterio nos consagre siempre a tu servicio.

Decimocuarta estación Jesús es enterrado

Lector 1:
“José de Arimatea tomó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana y lo colocó en el sepulcro nuevo, excavado en la piedra. Después corrió la piedra y se marchó”

Lector 2:
Dios omnipotente y eterno, tu único Hijo bajó hasta las profundidades de la tierra y subió a los cielos; concédenos a nosotros, tus hijos, que en el bautismo hemos sido sepultados con Él en la muerte, alcanzar junto a Él la vida eterna.

ORACIÓN FINAL

Guía:
Señor Jesucristo, tú nos has concedido acompañarte, con María tu Madre, en los misterios de tu pasión, muerte y sepultura, para que te acompañemos también en tu resurrección; concédenos caminar contigo por los nuevos caminos del amor y de la paz que nos has enseñado. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Todos: Amén.

En la tarde del Viernes Santo
(a partir de la hora nona – 15h.)
Memoria de la Pasión del Señor

INTRODUCCIÓN
Conviene poner un crucifijo en el lugar donde se realice la oración.
La oración comienza con un momento de silencio que nos prepare a la escucha piadosa y atenta de la Pasión del Señor.

PROCLAMACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
La pueden realizar tres lectores:
+ Jesús.
C.Cronista.
S.Sinagoga.

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN JUAN (Jn 18,1 – 19,42)

C.En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+«¿A quién buscáis?».
C.Le contestaron:
S.«A Jesús, el Nazareno».
C.Les dijo Jesús:
+«Yo soy».
C.Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
S.«¿A quién buscáis?».
C.Ellos dijeron:
S.«A Jesús, el Nazareno».
C.Jesús contestó:
+«Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos».
C.Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+«Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».
C.La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo». Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada portera dijo entonces a Pedro:
S.«¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?».
C.Él dijo:
S.«No lo soy».
C.Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:
«Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho».
C.Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S.«¿Así contestas al sumo sacerdote?».
C.Jesús respondió:
+«Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?».
C.Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:
S.«¿No eres tú también de sus discípulos?».
C.Él lo negó, diciendo:
S.«No lo soy».
C.Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S.«¿No te he visto yo en el huerto con él?».
C.Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S.«¿Qué acusación presentáis contra este hombre?».
C.Le contestaron:
S.«Si este no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos».
C.Pilato les dijo:
S.«Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley».
C.Los judíos le dijeron:
S.«No estamos autorizados para dar muerte a nadie».
C.Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S.«¿Eres tú el rey de los judíos?».
C.Jesús le contestó:
+«¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».
C.Pilato replicó:
S.«¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».
C.Jesús le contestó:
+«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».
C.Pilato le dijo:
S.«Entonces, ¿tú eres rey?».
C.Jesús le contestó:
+«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
C.Pilato le dijo:
S.«Y ¿qué es la verdad?».
C.Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:
S.«Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C.Volvieron a gritar:
S.«A ese no, a Barrabás».
C.El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S.«¡Salve, rey de los judíos!».
C.Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S.«Mirad, os lo saco afuera para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa».
C.Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S.«He aquí al hombre».
C.Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S.«¡Crucifícalo, crucifícalo!».
C.Pilato les dijo:
S.«Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él».
C.Los judíos le contestaron:
S.«Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios».
C.Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más. Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús:
S.«¿De dónde eres tú?».
C.Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:
S.«¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?».
C.Jesús le contestó:
+«No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».
C.Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S.«Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César».
C.Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación dela Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:
S.«He aquí a vuestro rey».
C.Ellos gritaron:
S.«¡Fuera, fuera; crucifícalo!».
C.Pilato les dijo:
S.«¿A vuestro rey voy a crucificar?».
C.Contestaron los sumos sacerdotes:
S.«No tenemos más rey que al César».
C.Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S.«No escribas “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”».
C.Pilato les contestó:
S.«Lo escrito, escrito está».
C.Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S.«No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca».
C.Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
+«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
C.Luego, dijo al discípulo:
+«Ahí tienes a tu madre».
C.Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo:
+«Tengo sed».
C.Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+«Está cumplido».
C.E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
C.Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Palabra del Señor.
Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

HIMNO MEDITATIVO
Lo lee un lector o lo recitan todos a dos coros:

¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!

Cantemos la nobleza de esta guerra,
el triunfo de la sangre y del madero;
y un Redentor, que en trance de Cordero,
sacrificado en cruz, salvó la tierra.

Dolido mi Señor por el fracaso
de Adán, que mordió muerte en la manzana,
otro árbol señaló, de flor humana,
que reparase el daño paso a paso.

Y así dijo el Señor: “¡Vuelva la Vida,
y que el Amor redima la condena!”
La gracia está en el fondo de la pena,
y la salud naciendo de la herida.

¡Oh plenitud del tiempo consumado!
Del seno de Dios Padre en que vivía,
ved la Palabra entrando por María
en el misterio mismo del pecado.

¿Quién vio en más estrechez gloria más plena,
y a Dios como el menor de los humanos?
Llorando en el pesebre, pies y manos
le faja una doncella nazarena.

En plenitud de vida y de sendero,
dio el paso hacia la muerte porque él quiso.
Mirad de par en par el paraíso
abierto por la fuerza de un Cordero.

Vinagre y sed la boca, apenas gime;
y, al golpe de los clavos y la lanza,
un mar de sangre fluye, inunda, avanza
por tierra, mar y cielo, y los redime.

Ablándate, madero, tronco abrupto
de duro corazón y fibra inerte;
doblégate a este peso y esta muerte
que cuelga de tus ramas como un fruto.

Tú, solo entre los árboles, crecido
para tender a Cristo en tu regazo;
tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo
de Dios con los verdugos del Ungido.

Al Dios de los designios de la historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en la cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria. Amén.

ORACIÓN UNIVERSAL

Guía:
En el día en que Jesucristo se ofreció a sí mismo en la cruz como Víctima de propiciación por la salvación de todo el mundo, piamos al Padre que llegue a todo el mundo su Redención.

I. Por la santa Iglesia

Guía:
Oremos, hermanos, por la Iglesia santa de Dios, para que el Señor le dé la paz, la mantenga en la unidad, la proteja en toda la tierra, y a todos nos conceda una vida confiada y serena, para gloria de Dios, Padre todopoderoso.

Oración en silencio.

II. Por el papa

Guía:

Oremos también por nuestro santo padre el papa N., para que Dios, que lo llamó al orden episcopal, lo asista y proteja para bien de la Iglesia como guía del pueblo santo de Dios.

Oración en silencio.

III. Por todos los ministros y por los fieles

Guía:
Oremos también por nuestro obispo N., [por el obispo coadjutor (auxiliar) N., o bien: y por sus obispos auxiliares,] por todos los obispos, presbíteros y diáconos, y por todos los miembros del pueblo santo de Dios.

Oración en silencio.

IV. Por los catecúmenos

Guía:
Oremos también por los (nuestros) catecúmenos, para que Dios, nuestro Señor, les abra los oídos del espíritu y la puerta de la misericordia, de modo que, recibida la remisión de todos los pecados por el baño de la regeneración, sean incorporados a Jesucristo, nuestro Señor.

Oración en silencio.

V. Por la unidad de los cristianos

Guía:
Oremos también por todos aquellos hermanos que creen en Cristo, para que Dios, nuestro Señor, asista y congregue en una sola Iglesia a cuantos viven de acuerdo con la verdad.

Oración en silencio.

VI. Por los judíos

Guía:
Oremos también por el pueblo judío, el primero a quien habló el Señor Dios nuestro, para que acreciente en ellos el amor de su nombre y la fidelidad a la alianza.

Oración en silencio.

VII. Por los que no creen en Cristo

Guía:
Oremos también por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, encuentren el camino de la salvación.
Oración en silencio.

VIII. Por los que no creen en Dios

Guía:
Oremos también por los que no conocen a Dios, para que merezcan llegar a él por la rectitud y sinceridad de su vida.

Oración en silencio.

IX. Por los gobernantes

Guía:
Oremos también por los gobernantes de todas las naciones, para que Dios, nuestro Señor, según sus designios, los guíe en sus pensamientos y decisiones hacia la paz y libertad de todos los hombres.

Oración en silencio.

IX b. Por quienes sufren en tiempo de pandemia

Guía:
Oremos también por todos los que sufren las consecuencias de la pandemia actual: para que Dios Padre conceda la salud a los enfermos, fortaleza al personal sanitario, consuelo a las familias y la salvación a todas las víctimas que han muerto.

Oración en silencio.

X. Por los atribulados

Guía:
Oremos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que libre al mundo de todos los errores, aleje las enfermedades, destierre el hambre, abra las prisiones injustas, rompa las cadenas, conceda seguridad a los caminantes, el retorno a casa a los peregrinos, la salud a los enfermos y la salvación a los moribundos.

Oración en silencio.

Guía:
Terminemos nuestra oración con las mismas palabras de Jesucristo, que nos ha amado hasta el extremo.

Todos:
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

ADORACIÓN DE LA CRUZ
La oración concluye con la adoración de la cruz, besando el crucifijo o haciendo ante él un gesto de reverencia, mientras se canta este canto u otro adecuado.

¡VICTORIA! ¡TÚ REINARÁS!
¡Oh cruz! ¡Tú nos salvarás!

1.- El Verbo en ti clavado, muriendo, nos rescató.
De ti, madero santo, nos viene la redención.

2.- Extiende por el mundo tu Reino de salvación.
Oh cruz, fecunda fuente de vida y bendición.

3.- Impere sobre el odio tu Reino de caridad.
Alcancen las naciones el gozo de la unidad.

4.- Aumenta en nuestras almas tu Reino de santidad.
El río de la gracia apague la iniquidad.

5.- La gloria por los siglos a Cristo libertador.
Su cruz nos lleve al cielo, la tierra de promisión.

Sábado Santo de la Sepultura del Señor

Santo Rosario acompañando a la Santísima Virgen en su Soledad
(a cualquier hora del día)

MISTERIOS DOLOROSOS

Meditar los misterios dolorosos lleva al creyente a revivir la muerte de Jesús. Nos ponemos al pie de la Cruz junto a María para penetrar con ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora.
Hoy, Sábado Santo, siguiendo las sugerencias de san Juan Pablo II, papa, en su Carta Apostólica sobre el Rosario de la Virgen María, dedicaremos la contemplación del quinto misterio a la Sepultura del Señor y la Soledad de María, uniéndonos así, por la oración, al misterio que hoy celebramos.

Primer misterio: LA ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ.
«Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.»
Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y
unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscáis?»
Le contestaron: «A Jesús, el Nazareno.» Les dijo Jesús: «Yo soy.»
La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año.
En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Segundo misterio: LA FLAGELACIÓN DEL SEÑOR.
Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Tercer misterio: LA CORONACIÓN DE ESPINAS.
Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano dere¬cha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él, diciendo: «¡Salve, rey de los judíos!» Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.

Cuarto misterio: LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DEL SEÑOR.
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ro¬pa, echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban lo injuriaban.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
A media tarde, Jesús gritó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.

Quinto misterio: LA SEPULTURA DEL SEÑOR Y LA SOLEDAD DE MARÍA.
Al anochecer, como era el día de la Preparación, vís¬pera del sábado, vino José de Arimatea, noble senador, que también aguardaba el reino de Dios; armándose de valor, se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de José observaban dónde lo ponían.
A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando en vida, anunció: “A los tres días resucitaré.” Por eso, da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos.” La última impostura seria peor que la primera.»
Pilato contestó: «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis.»
Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la bajo; vigilancia del sepulcro.

Noche santa de la Resurrección del Señor
(en la noche del sábado al domingo)

Proponemos la celebración del Oficio de Lectura tal como se indica en la Liturgia de las Horas para los que no participan en la Vigilia Pascual.

Oficio de Lectura
Este oficio empieza directamente con las lecturas.

PRIMERA LECTURA
Del libro del Éxodo 14, 15 – 15, 1

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés:
–«¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.»
Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa, y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran trabar contacto. Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar –durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros.
Mientras velaban al amanecer, miró el Señor al campamento egipcio, desde la columna de fuego y nube, y sembró el pánico en el campamento egipcio. Trabó las ruedas de sus carros y las hizo avanzar pesadamente.
Y dijo Egipto:
–«Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto. »
Dijo el Señor a Moisés:
–«Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes.»
Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de siempre. Los egipcios, huyendo, iban a su encuentro, y el Señor derribó a los egipcios en medio del mar.
Y volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del Faraón, que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó.
Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Israel vio la mano grande del Señor obrando contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.
Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este canto al Señor:

SALMO
Ant. Cantaré al Señor, sublime es su victoria.

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.

Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».

Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.
Las olas los cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.

Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo.

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.

Ant. Cantaré al Señor, sublime es su victoria.

Oración
Señor, que con el Evangelio nos has hecho comprender el sentido profundo del Antiguo Testamento, dejándonos ver en el paso del mar Rojo una imagen del bautismo y en el pueblo liberado de la esclavitud, un símbolo del pueblo cristiano, haz que todos los hombres, mediante la fe, participen del privilegio del pueblo elegido y sean regenerados por la acción santificadora de tu Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.

SEGUNDA LECTURA
Del libro del profeta Ezequiel 36, 16-28

Me vino esta palabra del Señor:
«Hijo de Adán, cuando la casa de Israel habitaba en su tierra, la profanó con su conducta, con sus acciones; como sangre inmunda fue su proceder ante mí. Entonces derramé mi cólera sobre ellos, por la sangre que habían derramado en el país, por haberlo profanado con sus idolatrías. Los esparcí entre las naciones, anduvieron dispersos por los países; según su proceder, según sus acciones los sentencié. Cuando llegaron a las naciones donde se fueron, profanaron mi santo nombre; decían de ellos: “Éstos son el pueblo del Señor, de su tierra han salido. Sentí lástima de mi santo nombre, profanado por la casa de Israel en las naciones a las que se fue.
Por eso, di a la casa de Israel: Esto dice el Señor: “No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, profanado por vosotros, en las naciones a las que habéis ido. Mostraré la santidad de mi nombre grande, profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de ellos; y conocerán los gentiles que yo soy el Señor –Oráculo del Señor–, cuando les haga ver mi santidad al castigaros.
Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar. Y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.”»

SALMO
Ant. Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?

Cómo marchaba a la cabeza del grupo, hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.

Envía tu luz y tu verdad;
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.

Ant. Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.†

Oración
Señor Dios nuestro, poder inmutable y luz sin ocaso, prosigue bondadoso a través de tu Iglesia, sacramento de salvación, la obra que tu amor dispuso desde la eternidad; que todo el mundo vea y reconozca que los caídos se levantan, que se renueva lo que había envejecido y que todo se integra en aquel que es el principio de todo, Jesucristo, nuestro Señor. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

TERCERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-11

Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.
Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores, y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

SALMO
Ant. Aleluya, aleluya, aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Ant. Aleluya, aleluya, aleluya.

CUARTA LECTURA
Lectura del evangelio según san Mateo28, 1-10

En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres:
–«Vosotras, no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado.
No está aquí. Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis.” Mirad, os lo he anunciado.»
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
–«Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo: –«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

HIMNO TE DEUM(todos):

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.

A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.

Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.

Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza
el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,
te proclama:

Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.

Tú eres el Hijo único del Padre.

Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana
sindesdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino del cielo.

Tú te sientas a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.

Creemos que un día
has de venir como juez.

Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.

Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.

Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.

ORACIÓN

Guía:
Oremos.
Oh, dios, que en este día, vencida la muerte, nos has abierto las puertas de la eternidad por medio de tu Unigénito, concede, a quienes celebramos la solemnidad de la resurrección del Señor, que, renovados por tu Espíritu, resucitemos a la luz de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

R./Amén.

Guía: Bendigamos al Señor.
Todos: Demos gracias a Dios.

Finalizado el Oficio de Lectura es laudable hacer la
RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES

Guía:
Por el Misterio pascual hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo, para que vivamos una vida nueva. Por tanto, terminado el ejercicio de la Cuaresma, renovemos las promesas del santo bautismo, con las que en otro tiempo renunciamos a Satanás y a sus obras, y prometimos servir fielmente a Dios en la santa Iglesia católica.
Así pues:

Guía:
¿Renunciáis al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?
Todos:
Sí, renuncio.

Guía:
¿Renunciáis a todas las seducciones del mal, para que no domine en vosotros el pecado?
Todos:
Sí, renuncio.

Guía:
¿Renunciáis a Satanás, padre y príncipe del pecado?
Todos:
Sí, renuncio.

Guía:
¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra?
Todos:
Sí, creo.

Guía:
¿Creéis en Jesucristo,
su Hijo único, nuestro Señor,
que nació de Santa María Virgen,
murió, fue sepultado,
resucitó de entre los muertos
y está sentado a la derecha del Padre?
Todos:
Sí, creo.

Guía:
¿Creéis en el Espíritu Santo,
en la santa Iglesia católica,
en la comunión de los santos,
en el perdón de los pecados,
en la resurrección de la carne
y en la vida eterna?
Todos:
Sí, creo.

Guía:
Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar en Jesucristo, nuestro Señor.
Todos:Amén.

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
(Oración de la mañana)

Liturgia de las Horas: Laudes

Guía:Dios mío, ven en mi auxilio.
Todos:Señor, date prisa en socorrerme.

Guía:Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Todos:Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno
Rezamos todos juntos:

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

“¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?”
“A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.”

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa. Amén. Aleluya.

Salmodia
Los salmos pueden rezarse a dos coros si se rezan en familia o todo seguido si se rezan individualmente.

Guía:Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Guía:Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

Guía:Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Guía:Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Guía:Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado. Aleluya.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Guía:Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado. Aleluya.

Lectura breve Hch 10,40-43

Lector:
Dios resucitó a Jesús al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado; a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

Todos: Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

Cántico Evangélico

Guía:Muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Aleluya.

Rezamos todos juntos:
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo,
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Guía:Muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Aleluya.

Preces
Guía:Oremos a Cristo, autor de la vida a quien Dios resucitó de entre los muertos, y que por su poder nos resucitará también a nosotros, y digámosle:
Todos:Cristo, vida nuestra, sálvanos.

Guía:Cristo, luz esplendorosa que brillas en las tinieblas, rey de la vida y salvador de los que han muerto, concédenos vivir hoy en tu alabanza.
Todos:Cristo, vida nuestra, sálvanos.

Guía:Señor Jesús, que anduviste los caminos de la pasión y de la cruz, concédenos que, unidos a ti en el dolor y en la muerte, resucitemos también contigo.
Todos:Cristo, vida nuestra, sálvanos.

Guía:Hijo del Padre, maestro y hermano nuestro, tú que has hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes, enséñanos a ofrecer con alegría nuestro sacrificio de alabanza.
Todos:Cristo, vida nuestra, sálvanos.

Guía:Rey de la gloria, esperamos anhelantes el día de tu manifestación gloriosa, para poder contemplar tu rostro y ser semejantes a ti.
Todos:Cristo, vida nuestra, sálvanos.

Guía:Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor:
Padre nuestro…

Oración

Guía:Señor Dios, que en este día nos has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concede a los que celebramos la solemnidad de la resurrección de Jesucristo, ser renovados por tu Espíritu, para resucitar en el reino de la luz y de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Todos:Amén.

Guía:El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Todos:Amén.

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